No seré yo quien ponga el grito en el cielo por estas imagenes repletas de glamour, depravación y sensualidad. No seré yo quien critique que un culé, como lo es Jan, se deje llevar por las mieles de la soltería cual Rodriguez de la vida. Ni tan siquiera me escandalizo por el concurso de camiseta mojada presidencial, el puro y el Freixenet en la mano cual chimbomba nocturna.
Nos tiene acostumbrados este buen hombre a los espectáculos de varietes. Aún en mi memoria permanecen frescas las imagenes del barrilete bajándose los pantalones en el control de seguridad del aeropuerto del Prat o su discurso en plan "I've got a dream", que traducido al Laportiano sonó como un "No estamos tan mal collons".
No obstante uno prefiere quedarse con su gestión deportiva, que es mucho más edificante y obviar estos trastornos transitorios a los cuales ya nos tiene tan acostumbrados.
No ha sido acertada ni oportuna su farra post-clasico. Precisamente si algo está transmitiendo el aficionado culé, es su normalidad ante la victoria sobre el eterno rival. Lo que antes se veia como salvar la temporada, ahora es catalogado como una victoria más, un paso necesario hacía la consecución de nuestros objetivos, que no son otros que los títulos. Ya no hay nada de especial en ganar al Madrid. Somos superiores y ya se contempla como algo normal y lógico. La actitud de Jan, no es propia de los tiempos que corren, es contraria a todo lo que él predica y particularmente, como culé, me avergüenza.
Dicho lo cual, hay que decir que le tienen muchas ganas y desde luego, está llegando un punto que la intimidad de las personas, en este pais, vale una puñetera mierda.







